Fraternidades en UIUC

Antes de dar por terminadas las entradas sobre mi estancia en UIUC quería dejar constancia de algo que me llamó la atención: las casas de las fraternidades. En palabras de una amiga americana las fraternidades son una especie de clubs de amigos o de élite según cada caso y su objetivo es socializar (o si eres moderno “hacer networking”). Para entrar en muchas hay que hacer pruebas, desde algunas cosas triviales a pruebas tan peligrosas que a veces han muerto estudiantes. Hay asociaciones “solo chicos” (fraternity), “solo chicas” (sorority) y mixtas. No conozco mucho ese mundillo pero me resultó curioso que tuviesen casas para muchas de ellas. Según la conocida que menciono más arriba estas casas fueron donadas hace muchos años por los fundadores de cada fraternidad. Sus nombres son combinaciones de dos o tres letras griegas y es habitual ver a estudiantes con el nombre de su fraternidad.

Aparte de las casas, de las camisetas, de los gritos cuando montan fiestas y de oír la música que ponen a todo volumen en otras ocasiones no he tenido mucho más contacto con ellas.

A continuación las fotos de algunas de estas fraternidades:

Los primeros días de agosto, al poco de llegar, me levantaba los fines de semana y al mirar por la ventana veía a chicas arregladas y pensaba: “O empiezan la fiesta muy pronto o no beben una gota de alcohol, no parece que estén de vuelta de una fiesta”.

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Goodbye Champaign

Queridos lectores, cuando estéis leyendo estas líneas estaré rumbo al país donde nunca se ponía el sol. No tengo tanto tiempo como otras veces así que seré breve y me limitaré a mencionar algunos de los detalles que me hacían saber que estaba viviendo en Champaign:
– a la gente de más de cien kilos paseándose por la calle.

– a la gente vestida y pintada de naranja, verde y azul.

– oir hablar sobre formas de resolver un problema de robótica o discutir sobre grafos en la cafetería mientras me como un bocadillo.

– a los miembros de las fraternidades con la música a todo volumen o jugando al baloncesto a pocos metros de la calle.

– los ruidos de la residencia: la TV de la vecina de enfrente, los delatadores crujidos de cama del vecino de arriba y de las italianas de dos habitaciones más al fondo, las risotadas histéricas de una vecina que no tenía su habitación suficientemente lejos, las risas nocturnas de un japonés y la charla de su novia de camino a la habitación de uno de los dos de madrugada, los intentos de abrir la puerta de un tipo dos puertas más al fondo (y más alto que una puerta) también a las tantas de la madrugada y las esporádicas carreras por el pasillo de gente borracha, también de madrugada. Me habría gustado recordar todos estos sonidos como bellas y suaves melodías pero debo seguir entrenando mi capacidad de visualización.

– el enorme gimnasio (y a algunas de las chicas haciendo cardio).

– tener una conexión a internet limitada.

– tener que pensar al volver a casa algunas noches a las 11 o las 12 cuál es el camino por el que menos probabilidades tengo de ser asaltado/pateado.

– ver “Illinois” y la “I” símbolo de la universidad por todos lados.

– no tener más de una o dos clases al día.

– no usar billetes ni monedas en un año.

– los enchufes con forma de smiley con la boca abierta.

– sentirme rodeado de comedores compulsivos de pizzas.

– a toda la gente que he conocido aquí.

Para terminar algunas fotos de última hora:

Muchas gracias Champaign y muchas gracias a Shin, Angela, Siddhant, Meghana, Gary, Walter, Hari, Cheng, Hyun Duk, Samson, Caroline, Mingfei, Yuan-Chi, Sudipto, Julia, Rukia, Simi, mujer-del-chino-que-siempre-me-sonríe-pero-creo-que-no-entiende-mas-que-los-nombres-de-los-platos y a todos los que no menciono aquí. Ha sido un año muy especial (y excepto Angela ninguno sabéis español así que no sé muy bien si os llegarán estas palabras).

De visita a Allerton Park

Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar Allerton Park, cerca de Champaign, con el club de fotografía. Durante el viaje conocí a un indio llamado Hari Krishna que es una versión más bajita del Gran Khali, a otro indio llamado Sudipto con aspecto de hombre de negocios que llevaba con él un trípode de su misma altura y a un taiwanés llamado Yuan-Chi con sonrisa algo siniestra post-doctorado de psicología.

El parque no era demasiado grande pero fue una buena oportunidad para disfrutar de la naturaleza, estrenar mi nueva cámara, conocer gente y darme de bruces con escenas como las que podéis ver en estas imágenes. El tiempo parecía ir danto saltos de escena en escena en lugar de avanzar más o menos fluidamente como hace normalmente.

Un agradable viaje tras el que fuimos a un restaurante buffet de comida infinita que tanto gustan a los americanos.

Sesión del club de fotografía en Arboretum

El otro día fui a una sesión del club de fotografía de la universidad. Aunque llevo apuntado al club desde agosto todavía no había ido a ninguna reunión. El chico de verde con cara de haber tomado drogas de la esquina inferior izquierda es un amigo de Taiwan que trabaja para uno de los periódicos locales del campus. Los asiáticos deben llevar el amor por la fotografía en los genes.

La sesión tuvo lugar en un área de parques llamada Arboretum en la zona sur del campus. La fotógrafa, especialista en bodas, estuvo dando consejos y explicando su forma de trabajar mientras fotografiaba a una pareja de prometidos que se habían ofrecido para posar a cambio de fotos gratis.

De vuelta a casa pasé cerca de un enorme campo de recreo en el que sus propietarios amablemente dejan clara la acepción de “entrar sin autorización” a la que hacen referencia en el cartel. Después de ver cómo se comportan algunos estadounidenses empiezo a entender la razón de ser de algunos carteles que a primera vista parecen demasiado obvios.

La verdad es que las calles del campus son bastante variopintas en cuanto a formas de transporte: gente a pie, gente en bici, personas con minusvalías (alguien me dijo que UIUC es una de las universidades mejor habilitadas en este sentido), autobuses regulares que por 40$ puedes usar durante todo el semestre, “lanzaderas” especiales que pasan 3 o 4 veces al día y comunican el campus con comunidades cercanas, vehículos que ofrece la universidad para moverse de forma segura por la noche y coches privados.

El área sur del campus debe de ser la más antigua ya que está repleta de facultades dedicadas a la alimentación y a la agricultura que fueron los orígenes de la universidad.

Cada 15 minutos se pueden oir desde varias partes del campus las campanadas que dan la hora lo que me recuerda al pueblo al que iba en vacaciones de pequeño.

Cerca de la meta

Poco a poco se va aproximando el final del curso y final de carrera. Entre trabajos, proyecto, entrevistas de trabajo y asignaturas a distancia apenas estoy haciendo otra cosa que no sea estudiar. Se me va a hacer raro volver a estar libre de exámenes y de ser evaluado aunque estoy seguro de que no lo echaré de menos.

Voy a aprovechar este breve remanso de paz que se me ha formado para contar algunas cosas, espero que no de forma demasiado desordenada.

Algunas de las costumbres americanas me siguen chocando. Por ejemplo, el viernes pasado fue la “Fiesta No Oficial de San Patricio”. En la fiesta oficial de San Patricio, que generalmente cae en vacaciones de Primavera, lo que se hace es beber todo lo que se pueda, vestir camisetas verdes y mostrar imágenes de duendes verdes irlandeses. Hace unos años los pobres comerciantes de Champaign, que se habían dado cuenta de que estaban perdiéndose muchos ingresos porque los estudiantes se iban a sus casas durante vacaciones, decidieron crear el Unofficial Saint Patricks Day de la UIUC, una fiesta con motivo idéntico a la oficial pero que se celebraba un día lectivo. A la costumbre de beber se le sumó la maravillosa idea de ir a clase borracho. 40,000 borrachines más estudiantes de pueblos vecinos ansiosos de reducir su esperanza de vida y de poner a prueba su suerte no son ninguna broma así que desde entonces las autoridades de la universidad tienen que llamar a departamentos de policía de todo el estado para que envíen más agentes para ese día. ¿El resultado? El viernes pasado desde las 8 de la mañana había gente con camisetas verdes y haciendo eses por las calles. Eso sí era imposible ver una botella de alcohol en medio de la calle ya que está prohíbido. Cuando fui al restaurante Chipotle ese día a por mi fajita burrito, aparte de hedor a alcohol y muchas chicas y chicos suficientemente alegres como para olvidarse de cualquier tipo de precaución había un señor policía de 2 metros, armado y con la mirada de alguien a quien le han fastidiado el día. ¿Los que atendían en el Chipotle? Frotándose las manos con la mina de oro que represeta ese día.

Otra de las cosas que me llama la atención es la publicidad. Hace apenas dos semanas que ha nevado por última vez y por las noches seguimos con temperaturas mínimas de 1 o 2ºC así que hoy cuando he llegado a mi supermercado habitual y nada más entrar me he encontrado con 40 botes distintos de crema de protección solar me he quedado estupefacto mientras sacaba las manos de los bolsillos del abrigo. Aquí el que no corre vuela.

Y para terminar algunas curiosidades más:

  • El hombre sentado de la biblioteca. Justo antes de entrar a la biblioteca Grainger hay una estatua de un hombre sentado leyendo un libro sobre el futuro. Aparte de dar algún susto por las noches también tiene su propia cuenta twitter.
  • Semáforos. En muchos de los semáforos no hay hombrecitos caminando o parados sino que simplemente pone WALK / DON’T WALK.
  • En los más de 6 meses que llevo aquí todavía no he visto ni una sola moto.
  • Los nombres de las calles cuelgan de los semáforos en llamativos letreros verdes en lugar de estar colgados de las paredes.
  • La universidad está inmersa en la web 2.0. Aparte del hombre de la biblioteca hay grupos Facebook para la mayoría de los departamentos, para las residencias de estudiantes, para el gimnasio y para los clubs de actividades. También hay cuentas twitter del gimnasio, del centro Siebel, de la universidad en general y de varios departamentos. En todas las clases a las que voy hay grupos de noticias (muy activos). La mayoría de ellas además usan wikis.
  • Dado el tamaño de la universidad las elecciones a representantes de estudiantes son todo un evento. Ahora están inmersos en ellas y están mandando spam (pronto empiezan), dejando mensajes escritos con tiza en algunas de las aceras más transitadas, enviando formularios oficiales de la universidad para votar, debates televisados, en fin, como si fuesen unas minielecciones. Como no podía ser menos al menos uno de los 4 principales contendientes fue descalificado el año pasado por hacer trampas y aquí sigue.
  • El departamento de exteriores norteamericano obliga a todos los inmigrantes a rellenar un formulario en el que indicar raza y etnia. Independientemente de la utilidad que pueda tener esto hay algo más. En el apartado para elegir tu raza están las opciones típicas: “blanco”, “asiático occidental”, “asiático oriental”, “africano-americano” y alguna opción más que no recuerdo. Lo curioso está en que en el apartado de “etnia” las únicas dos opciones son “hispano/latino” (que incluye a españoles) y “no hispano/latino”. ¿Por qué harán esa distinción?

24h de viaje

7:45 del 13 de diciembre (hora de Chicago). Suena el despertador. Algún día levantarme a esta hora me parecerá tarde. Enciendo el mac y pulso la tecla f4, -12ºC. Bueno, tengo tanto sueño que ni me enteraré. Miro por la ventana y el sol brilla traicionero. Con esta temperatura cualquiera sale sin guantes u orejeras.

8:47. En la parada de autobús cuatro manzanas más abajo. Faltan 10 minutos para que venga el Lex Express a recogernos a las 15 personas que estamos calmadamente, por el sueño, tiritando de frío. Cuando el aire sale de mi nariz no soy como el tubo de escape de una vespa, parezco más bien una bestia infernal. Las orejeras negras con una I mayúscula naranja y brillante no ayudan a quitarme esa imagen de la cabeza.

9:10. Estoy avanzando por el pasillo del autobús en busca de sitio. Hay asiáticas sentadas de dos en dos, una viejecita, un tipo con cazadora de cuero, gorra, cara de pocos amigos y que ocupa dos sitios y un chaval que parece majo. Unos minutos después, hablando con él, me entero de que es de Georgia, sabe que España no está en África y que estuvo ocupada por árabes durante siglos. ¡Aprobado! El conductor se presenta y poco después iniciamos el viaje de tres horas que nos llevará hasta el aeropuerto de O’Hare en Chicago.

11:20. Acabamos de parar enfrente de un enorme gimnasio en medio de la nada. Algunos pasajeros se bajan y se montan luego en una furgoneta que les llevará a otro destino. Una guapa china se con un trasero bastante sexy se baja y no necesita llevar su maleta a la furgoneta ya que un americano con un trasero que debe pesar él solo tanto como la chica le lleva la maleta. Su amiga está ya en la furgoneta. El sonriente conductor da un último aviso anunciando que no se parará más en este sitio. Yo vuelvo a la lectura de mi libro con un ligero dolor de cabeza provocado por la escasez de sueño y pensando en parejas de… páginas.

12:03. Dejo de leer y miro por la ventana durante unos segundos. De cinco coches y un camión que pasan en ese tiempo tres de ellos tienen conductores a los que les gusta hablar por el móvil. Esto me recuerda que no he dejado de oir hablar por teléfono a nuestro simpático conductor desde que hemos salido. A continuación viene otro pensamiento que me avisa de que tampoco estamos tocamos mucho el carril derecho. El siguiente pensamiento que se abre paso tiene que ver sobre las posibilidades de tener un accidente en coche y las de tenerlo en avión. El siguiente es sobre el incremento de posibilidades de accidente cuando el conductor está hablando por el móvil. El siguiente es sobre el hecho de que hoy voy a viajar en ambos medios de transporte. Y el último pensamiento es más sabio que todos los anteriores y me recuerda que el libro que tengo en la pantalla no es tan preocupante.

12:45. Nos dirigimos a la terminal de vuelos internacionales. Solo quedamos cuatro gatos en el autobús y estamos dando vueltas en busca de unos pasajeros que irán de vuelta a Urbana-Champaign y que el conductor quiere recoger antes de dejarnos a los pocos que volamos fuera del país. Hemos parado en donde se suponía que debían estar los nuevos pasajeros pero falta uno. El conductor que había ido a buscarle a la sala de espera vuelve sin pasajero y con una bolsa del McDonalds que probablemente sea su desayuno.

14:00: Acabo de pasar la zona de seguridad. Aún con todo el equipaje electrónico que llevaba encima no me han parado. Y yo que pensaba que uno de los guardias me había echado el ojo en la cola… Tras dar unas vueltas por la sala de espera escudriñándola en busca de enchufes me doy por rendido y me siento. Me siento pero mi mente se rebela. Quedan tres horas para que salga el vuelo y tres horas menos de batería son muchas horas menos de batería durante el vuelo. Me fijo un poco más en la sala y veo que una de las dos columnas que parecen tener enchufes está ocupada. La chica está utilizando solo uno de ellos. No hay asientos cerca y aunque el cable de corriente es largo descarto la idea de sentarme en el suelo. Me fijo en el hombre sentado al lado de la otra columna y con ausencia total de descaro rodeo la columna y me agacho para mirar por debajo de una de sus piernas y veo un enchufe libre. Le pregunto con toda la sutileza que no he usado antes y finalmente consigo corriente alterna para mi portátil.

15:02. La sala de espera se va llenando lentamente, como con cuenta gotas. Las alarmas de los detectores de metales cercanos me mantienen despierto así como los mensajes que suenan cada 2 o 3 minutos de aerolíneas mejicanas anunciando que Fulanito Mendoza o Ramón Menganito van a perder el vuelo como no vayan ahorita mismo a la puerta de embarque. Enfrente de mí una familia alemana que ocupa 5 asientos hablan alemán. Uno de los chicos está jugando con la nintendo DS rosa con pegatinas fosforitas de su hermana que está estudiando “Everyday Mathematics”. De vez en cuando hablan, en alemán, pero solo capto palabras sueltas. Me reconforta pensar que mi madre siempre dice que un idioma lo sabes de verdad cuando puedes entender a niños y ancianos.

16:20. Acabo de subir al avión. A mi derecha una chica con un llamativo vestido de rojo insiste en no querer separarse de su violín y sus 3 bolsas de dios sabe qué. No está tan delgada como las chinas del autobús y con todos esos bultos parece una sardina enlatada. A los pocos minutos no puede evitar ponerse a hablar y cambia mi imagen de sardina enlatada por la imagen de una sardina enlatada violinista de Amsterdam. Por suerte el chico joven que se sienta a su derecha parece tener las mismas ganas de hablar que ella y pronto una agradable cortina de silencio crece entre yo y ellos. Antes de despegar pasa a ser simplemente violinista de Amsterdam por orden de las azafatas.

Algún momento de la madrugada. Ahora están poniendo una película que no entiendo. Un hombre no hace más que desvanecerse en el aire y al poco aparecer desnudo en otro punto del espacio-tiempo. En un momento está con su novia y en el siguiente está saludando a su hija años en el futuro. Pienso en Freud y en esos sueños en los que aparecemos desnudos o sin ropa interior ni pantalones que todos tenemos (¿verdad?). El sueño me rodea con sus abrazos, me abraza, sujeta mi cabeza pero me tortura y no me da el beso que me mande a dormir. El día que pueda dormirme en un medio de transporte haré una fiesta (en sueños).

Más tarde. El tiempo ya es una dimensión irrelevante. Estoy escuchando música y a la vez viendo a Mr Bean haciendo el ganso con un niño pequeño en un parque de atracciones. Ya le he visto en tantos vuelos que me parece hasta entrañable.

En algún momento del tiempo entre el párrafo anterior y el siguiente. Ahora están poniendo a unos británicos destrozando coches y haciéndose jugarretas entre ellos. La violinista de Amsterdam y el tipo de la derecha no pueden evitar parar de reirse mientras el resto del avión está durmiendo. El hombre mayor de delante de ellos les llama la atención dos veces. Ellos tratan de contenerse pero los británicos de la tv son demasiado divertidos. Preveo lucha pero no, al final no hay lucha. También podían haber elegido otra película para poner de madrugada.

7:35 del 14 de diciembre (hora de Madrid). Tengo sueño, hay pocas cosas que realmente no soporto. Una es la sangre y la otra es tener sueño y no poder dormir. El lado positivo de estar sentado durante tantas horas en un avión es que bebes todo el zumo que no bebes en un año. Comparado con viajar a Japón las 7 horas de vuelo de Chicago a Amsterdam se me hacen cortas.

9:35. Estoy en el aeropuerto de Shiphol, Amsterdam. Mi vuelo a Madrid se ha retrasado una hora pero estoy tan cansado que me da igual. Estoy tumbado en un sillón con el portátil leyendo artículos sobre cómo mejorar el rendimiento de sistemas de procesado de lenguaje natural cuando tienes mucho texto que procesar.

13:10. Ya he aterrizado, mi maleta ha salido pronto pero cuando voy a coger un taxi los 20 que había en la parada están discutiendo con unos policías y al poco se marchan todos. Más tarde me entero de que hay huelga de taxis. Cojo el metro, ya da igual, me muevo por inercia. Al salir del metro el ascensor no funciona y tengo que cargar con la maleta y la mochila por las escaleras, me río para mis adentros. Mi interior está en paz. Que me echen lo que quieran. Estoy a punto de llegar a mi meta y ya no distingo dolor de placer. Me siento como si fuese un espartano de 300 y los obstáculos fuesen los persas. Tengo suficientes fuerzas para no soltar la maleta, la mochila ni la cartera.

Y finalmente…

Fin del primer semestre en UIUC

Hace unos días que he terminado con todas mis obligaciones del semestre de otoño en la UIUC. Los últimos dos meses han sido bastante intensos y no he hecho mucho más que estudiar y hacer trabajos, de ahí la falta de actualizaciones. El nivel de esta universidad en informática es muy alto y los que no sabemos mucho tenemos que ponernos las pilas.

Todas las clases las he tenido en el Centro Siebel, uno de los puntos más alejados de mi residencia dentro del campus pero también uno de los más modernos. Otros, como el “English Building” al que he ido en alguna ocasión a jugar con la gente del club de rol, tienen escaleras de madera, cuartos de baño de mala muerte y “necesito renovarme, ya estoy muerto” pintado por todos lados.

El campus ha resultado más internacional de lo que esperaba. Mis profesores han sido chinos, alemanes y de algún país del este. En las clases aproximadamente la mitad de los estudiantes han sido extranjeros. Donde más porcentaje de americanos he visto ha sido en el gimnasio y yendo de fiesta los fines de semana.

Todas las aulas, aparte de un proyector, tienen “pizarras digitales” como la que se ven la foto en las que pueden hacer anotaciones y salen en el proyector. Aunque no se vea muy bien también hay micrófono y grabadora. Algunas clases están muy solicitadas y los estudiantes que, o por coincidir horarios o por estar trabajando no pueden ir a clase, tienen tanto el audio como el video de clase con las diapositivas y las anotaciones disponibles en el wiki de la asignatura. La comunicación entre profesor, TAs (Teacher Assistants, ayudantes del profesor) y estudiantes tiene lugar normalmente en el grupo de noticias correspondiente.

Los profesores son muy educados y se les ve interesados por sus asignaturas (algunos más que otros) y, con tanta diversidad cultural, las peculiaridades son más abundantes. Mi profesora de natural language processing era un poco tartamuda, mi profesor de minería de datos iniciaba y completaba cada tema con una foto de algún lugar al que ha viajado y mi profesor de aprendizaje máquina cuando se quedaba sin espacio en una transparencia y quería añadir algo más simplemente reducía el interlineado del texto precedente todo lo necesario para que entrase lo que quisiese poner.

La universidad está muy bien equipada. Si necesitas un ordenador lo puedes encontrar en tu residencia, en la biblioteca o en cualquiera de las facultades. Hacer fotocopias o imprimir apuntes no es una tarea que requiera extensa planificación como ocurre en mi universidad en España. Y todas las tareas de darse de alta y baja, pagos a la universidad, enviar trabajos a los profesores, etc, se puede hacer desde la propia intranet.

Pero no todo es positivo. Los avisos de robos, asaltos, atracos con violencia han seguido sucediéndose. El fin de semana anterior a los exámenes finales hubo 7 incidentes incluído uno de un pobre chaval que tiraron de la bicicleta y apalearon en el suelo antes de robarle. Aparte de estos incidentes no sé qué demonios hace la gente mi zona ya que cada dos por tres vienen coches de bomberos, ambulancias y coches de policía. No exagero. Sólo en la acera de enfrente les he visto ya 5 veces y las fraternidades de la esquina más allá de la derecha de la foto tampoco son Teresa de Calcuta. Por desgracia me he quedado con la curiosidad de saber qué hacen que tienen que ir los bomberos porque todavía no he visto salir humo ni ningún monstruo (excepto en Halloween).

Mi experiencia en estas tierras está siendo de lo más curiosa.

Aprovecho para desearos a todos los que sigáis por aquí unas felices navidades.