Reflexiones sobre mi año en Japón

Ya ha pasado tiempo suficiente como para reflexionar con perspectiva sobre mi estancia de un año en Japón. A la gente que me pregunta qué tal en Japón les respondo con un “ha sido una gran experiencia”, “he aprendido mucho”, “es otra cultura completamente diferente”. Son las cuatro o cinco palabras que mejor definirían todo es eaño. Ha sido una experiencia fascinante que recomiendo a cualquiera. Después de la universidad o de los estudios llegan muchas responsabilidades, la novia/el novio (quien no la/lo tenga ya), el trabajo estable, la hipoteca, la vida cómoda, etc y es muy difícil poder estar durante tanto tiempo en otro país.

Japón es otro mundo y Sendai es una ciudad preciosa. Aunque Tokyo y Osaka, metrópolis enormes de millones de habitantes, son impresionantes a su manera, Sendai se ha llevado el premio slnc a la ciudad favorita. Cuando recuerdo esos días lo hago como si hubiese estado viviendo en un cuento de hadas. La mayoría de lo que ha hecho que este viaje sea increíble ya lo he contado en otras entradas del blog, no voy a repetirme. Si se va a Japón (y en realidad cualquier otro país) con una mente abierta y con ganas de entender cómo entienden la vida sus habitantes es algo totalmente enriquecedor y espero que con las entradas de todos estos meses atrás haya podido transmitir lo que a mi me ha llegado.

Termino la entrada con algunas de mis lugares preferidos de Japón.

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Calles de un barrio de Tokyo.

 


Un samurai fotógrafo del castillo de Osaka.

 


Uno de los barrios más concurridos de Osaka.

 


Antigüedad de Nara.

 


Uno de los bellos castillos de Kyoto.

 


Festival de danza de Sendai.

 


Otoño en Sendai.

 


Otro de los templos de Kyoto.

 


Los cerezos en flor del pueblecito natal de mi amiga Kana.

 


El campus de la universidad a las 9 de la mañana.

 


Los jardines del Palacio Imperial de Tokyo.

 


Más calles de Tokyo. La vista se pierde en el horizonte.

 


Shinjuku de noche.

 


Roppongi de noche.

 

Los japoneses y el ejercicio

japarmejerEn las series de anime es común ver que tanto en universidades como en institutos siempre hay piscina, clubs de atletismo, artes marciales, etc. Por lo que he podido ver aquí en Sendai esa idea de hacer deporte la tienen metida en la cabeza todos los japoneses, grandes y pequeños. Para empezar está el tema de las bicicletas que están por doquier. No es lo mismo volver a casa después de una fiesta o después del trabajo en bicicleta que en taxi o en metro. El transporte, que es bastante caro, ayuda también a decantarse por la bicicleta. No es nada difícil ver ancianos y ancianas en bicicleta . Y aunque no puedan usar la bicicleta muchos mayores que no pueden moverse por sí solos no tienen reparo en usar un carrito para apoyarse o llevarse a la hermana pequeña que es también casi centenaria.

Aparte de la dieta rica en algas y alimentos con bajas calorías tanto ejercicio es una de las razones de que las chicas tengan esas piernas y haya tan poquísima obesidad. Los únicos japoneses obeso que he visto han sido luchadores de sumo y colegialas en el McDonalds y es que si un japonés quiere coger kilos no tiene muchas más opciones.

En la universidad de Tohoku, donde estuve yendo el año pasado, había un montón de espacio destinado a los deportes. Había un edificio entero para clubes de actividades extraescolares, varias pistas de béisbol, piscina baloncesto y tenis. Profesores y estudiantes hacían deporte por todo el campus y a todas horas, incluso los días de julio y agosto a las 2 de la tarde. Correr cuesta arriba con una humedad del 90% y el sol acariciándote cual vara de marcar caballos es una experiencia religiosa. La universidad tenía equipo de lacross, equipo de natación, equipo de béisbol… Parecía un club deportivo más que una universidad.

Los japoneses acaban muriendo igual que la gente del resto de países pero hasta que llega ese último encuentro me da la impresión de que la mayoría de los japoneses lo hacen en mejores condiciones.

Adaptarse a Japón

Son varias las personas que me han preguntado ya si es fácil adaptarse a Japón. Voy a contar brevemente mi experiencia pero, por favor, tened en cuenta que he estado en un entorno universitario a través de un programa de intercambio en el que tratan a los estudiantes con especial atención y cuidado. Mi experiencia no va a ser la misma que alguien que vaya a hacer turismo o que vaya a trabajar a una zona donde nadie habla inglés.

Sobre el idioma japonés decir que es muy complicado para un hablante de lengua románica. Tras un año estudiando el idioma 6h a la semana y una “inmersión total” he conseguido poder comunicarme de forma hablada con japoneses. Si alguna palabra no la entiendo o no la sé expresar puedo entender la explicación que me dén o hacerme entender. Un problema adicional al aprender japonés es que hay multitud de registros y diferentes situaciones adecuadas a cada uno de ellos. Para un extranjero los dos registros principales son el “educado” y el “supereducado” (llamado keigo). El segundo es especialmente útil ya que es el que los comerciantes, servicios telefónicos, etc emplean al hablar contigo y no es lo primero que te enseñan en las academias/cursos de japonés. La dificultad con el idioma se ve suavizada por el buen caracter de la gente y sus ganas de ayudar.

onsenjpSobre las costumbres a mi lo que mas me costó fue adaptarme a las horas de comidas. No se come a las dos o las tres, se come a las 11:30 o a las 12:00 de la mañana. Se cena a las 18:00 o a las 19:00 y en verano a las 4 de la mañana ya está amaneciendo.

Todo acontecimiento social tiene un orden y (normalmente) discursos. Los japoneses son bastante ceremoniosos. Ligeramente relacionado con esto, tienes que ser consciente de la posición que ocupas dentro de un grupo. Por ejemplo, en el departamento de la universidad al que estaba asignado estaba formado por el jefe de departamento (un profesor), el subjefe (otro profesor), un estudiante de doctorado, un estudiante de intercambio (yo), los estudiantes de master y el resto de estudiantes. A la hora de hablar en ocasiones especiales o a la hora de hacer ciertas cosas se podía ver este orden. Por ejemplo al levantarse de la mesa o el orden a la hora de explicar en qué estaba trabajando cada uno durante esos días. Después de un año viviendo con japoneses tengo la impresión de que tanto esto como el modo supereducado de hablar especialmente si estás hablando con alguien de “mayor rango” (tu jefe, tu profesor, etc) más que barreras son una forma de mostrar respeto a la otra persona. La contrapartida es que no tener estos rangos en cuenta desgraciadamente se interpreta como falta de respeto, falta de educación o simple y llana ignorancia.

kabukijpAdaptarse al entorno universitario japonés no supuso un gran problema porque el grueso de los cursos de mi programa estaban en inglés, no en japonés. Los dos cursos que tenía en japonés me costaron bastante y si hubiese tenido que dar todo en japonés habría sido complicado. Como nota anecdótica: en la universidad es muy importante asistir a clase aunque vayas y te pases la hora durmiendo. No era raro que a las 9 de la mañana de 60 personas en clase 30 estuvieran con la cabeza sobre la mesa durmiendo tranquilamente. Mi hermano me ha confirmado que ocurre lo mismo en su academia de japonés (¿y no sé si en la de diseño también?).

Acostumbrarme a la comida no me costó. De hecho me hice vegetariano a mitad del programa de intercambio y no tuve ningún problema. Aparte de que muchos platos se coman con palillos, de que lo que comes es fundamentalmente diferente a la comida española (excepto el arroz) y de que en lugar de muchas cantidades y pocos platos sirven pocas cantidades y muchos platos no hay demasiados problemas. Se pueden comer muchas cosas “raras” pero también existe la oportunidad de hacer dieta medio occidental medio japonesa.

Acostumbrarse a los japoneses fue muy fácil. Son muy amables, muy educados, la mayoría se muestran interesados en ayudarte y sonríen a casi siempre. Si algo que les pides no se puede hacer no te dirán que no se puede hacer, te dirán “es difícil” hasta que “captes” que no se puede hacer. Lo único difícil de hacerse a ello es que no se muestran por dentro, especialmente si no están acostumbrados a extranjeros y especialmente si no te conocen mucho. Esto es lo que más echaba de menos de España.

Y por último, acostumbrarme a que los trenes, metros, autobuses lleguen y salgan siempre puntuales, que te lleguen las cosas que pides el día que te dicen en las empresas o antes o que te traten como si fueses un señor al comprar en un supermercado, unos grandes almacenes u otro tipo de tienda no es tampoco difícil. Quizás, dado lo consumistas que son, tener tantísima variedad de productos, especialmente si te gustan los gadgets o la fotografía se podría ver como un handicap, pero nada insalvable.

Akihabara

Y para completar esta larga serie de entradas de distintos barrios de Tokyo: Akihabara. Uno de los lugares del mundo con más anime, manga y electrónica por metro cuadrado.


Tiendas de electrónica. Yo me imaginaba algo de las dimensiones de la calle de Asakusa de tiendas pero lo que ví fue algo bastante más caótico y disperso. Eso sí, al acercarme a las tiendas y mirarlas de cerca había aparatos rarísimos y radios antediluvianas. Me resulto curioso ver en varios puestos cajas con móviles y diversos gadgets coronados por carteles para desalentar a los ladrones: “Esto es de plástico, no me robes”.

 

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Asakusa

Asakusa, al sur de Ueno, fue el centro de ocio hace algunos años pero tras los bombardeos de la segunda guerra mundial nunca se llegó a recuperar. Este barrio tiene un ambiente bastante más retro que otros como Shibuya, Ginza o Shinjuku.


Una de las calles comerciales. El poco espacio y la gran cantidad de tiendas que había me recordaban más a la idea que tengo de algunas ciudades chinas que a Japón (Blandford, si tengo una idea equivocada dímelo por favor :D).

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Shibuya

Shibuya es otra de las zonas de ocio y de compras para los jóvenes tokyotas.


El famoso perro Hachiko. Hace unos años vivía en Tokyo un hombre que todos los días se iba a trabajar cogiendo el tren en Shibuya. Su perro de raza Akita, Hachiko, le acompañaba y le esperaba enfrente de la estación todo el día hasta que volvía. Tras años siguiendo la misma rutina el hombre murió mientras estaba en la universidad y Hachiko que le había visto irse al trabajo pero no le vió volver se quedó esperándole en la estación. A partir de ese día y hasta que Hachiko se reunió finalmente con su dueño siguió yendo a diario a la plaza de Shibuya a esperar a su amo. En su honor se construyó la estatua que hay ahora en la plaza de Shibuya.

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Museo Ghibli

El penúltimo día antes de abandonar Japón le dediqué toda la mañana al museo Ghibli en Mitaka, a unos cuarenta kilómetros de Tokyo. El museo está dedicado a la vida y obra de Ghibli, autor de numerosas películas de anime.

Desgraciadamente el museo no permitía sacar fotos del interior por lo que no puedo enseñaros demasiadas imágenes. Las razones que daban para no permitir las fotos eran que sin preocuparse por la cámar la gente disfrutaría y viviría el museo. El interior parecía un conjunto de habitaciones antiguas con miles de detalles, sketches, libros de arte, y curiosas versiones -que yo no habría puesto en un museo para niños- de cuadros famosos (imaginaos a la maja desnuda apretándole los.. las.. de los pechos de una venus, no, no exagero, eran de ese estilo).


Este es el patio alrededor del cual estaban dispuestas las distintas habitaciones.

 

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